Eneko Atxa creó DelicIA para salvar el menú del día.
Acabó llegando a deportistas de élite y personas en convalecencia.
El chef de Azurmendi y el físico Eneko Axpe desarrollaron una herramienta de inteligencia artificial que empezó como un experimento y se ha convertido en un recurso para públicos que nadie había previsto.
Todo empezó con un reto.
José Carlos Capel, crítico gastronómico y uno de los periodistas con más recorrido en el sector en España, se lo planteó directamente a Eneko Atxa y al físico y gastrocientífico Eneko Axpe:
¿Cómo podría la inteligencia artificial ayudar a los restaurantes de menú del día, esos negocios que sobreviven con márgenes mínimos, problemas logísticos constantes y una presión de precio que no cesa?
De esa pregunta concreta nació el primer prototipo de DelicIA.
«Tanto Eneko Axpe como yo habíamos estado trasteando con la inteligencia artificial como herramienta e intentando explorar sus límites», explica Atxa.
La propuesta de Capel fue el catalizador que convirtió esa exploración en un proyecto con un objetivo real.
De la supervivencia del menú del día a los deportistas de élite
Lo que ocurrió después es lo que distingue a un buen proyecto de uno extraordinario: la herramienta fue mucho más lejos de donde sus creadores la habían imaginado.
«Hemos llevado la herramienta no solo a casos como el del menú del día, sino a todos los públicos», cuenta Atxa.
Entre los usos que destaca: personas con limitaciones alimentarias, pacientes en proceso de recuperación que necesitan una alimentación específica durante la convalecencia, y deportistas de élite con requerimientos nutricionales muy precisos.
Tres perfiles de usuario que no tienen nada que ver entre sí, pero que comparten una misma necesidad: recibir orientación nutricional y culinaria adaptada a su situación específica, de forma accesible y sin necesidad de un especialista disponible en todo momento.
Es un giro que dice mucho sobre hacia dónde puede ir la IA aplicada a la gastronomía cuando se desarrolla con criterio y sin prisas.
La limitación más honesta: el dinero
Cuando le pregunto por las limitaciones que aún no tienen solución, Atxa no recurre a la respuesta técnica habitual. Va directo a lo estructural.
«La mayor limitación que hemos ido encontrando es la de los presupuestos», afirma. «Tienes que rodearte de equipos multidisciplinares — ingenieros, matemáticos — para poder desarrollar todo esto.»
Es una respuesta que vale más que cualquier dato de rendimiento. Porque confirma algo que el sector necesita entender antes de subirse al tren de la IA: las herramientas bien construidas no son gratuitas ni sencillas.
Requieren inversión real, perfiles técnicos que no abundan en la industria hostelera, y tiempo de desarrollo que no siempre es compatible con la velocidad del negocio.
DelicIA existe porque detrás hay un chef con tres estrellas Michelin, un físico con formación internacional y el impulso de uno de los críticos más respetados del periodismo gastronómico español.
No es un punto de partida replicable para cualquier restaurante. Pero sí es una prueba de que cuando se hace bien, el resultado va bastante más allá de lo que se había planteado al principio.
¿Qué significa esto para el resto del sector?
Que la IA en gastronomía no es una tendencia que viene.
Es una realidad que ya está ocurriendo en los niveles más exigentes del sector, con aplicaciones que van desde el menú del día hasta la nutrición de élite.
La pregunta ya no es si tiene sentido incorporarla. La pregunta es con qué criterio, con qué recursos y con qué objetivo concreto.
Esta es la entrega 4 de IA Gastro Práctica, la serie de Periodismo Gastronómico dedicada a documentar cómo los restauradores y cocineros españoles están incorporando inteligencia artificial a su negocio real.

