Ricard Camarena:
«La IA puede trabajar con datos sobre la cocina. Un cocinero trabaja también con recuerdos»
El chef reflexiona sobre creatividad, criterio e inteligencia artificial tras enfrentarse a una IA en cocina.
La inteligencia artificial ya forma parte de muchas conversaciones sobre el futuro de la gastronomía.
Se habla de recetas generadas por algoritmos, menús diseñados a partir de datos y herramientas capaces de acelerar procesos creativos.
Pero ¿qué ocurre cuando esa tecnología se enfrenta a uno de los cocineros más influyentes de España?
Tuve la oportunidad de conversar con Ricard Camarena sobre su conocido duelo gastronómico contra la inteligencia artificial.
Más allá del resultado, lo realmente interesante fue conocer qué aprendió de aquella experiencia y dónde sitúa los límites de una tecnología que avanza a gran velocidad.
Una lógica diferente
Camarena reconoce que la inteligencia artificial fue capaz de sorprenderle.
«No tanto porque pensara que era mejor que lo que haría un cocinero, sino porque demostraba que podía llegar a lugares curiosos a partir de una lógica distinta o, mejor dicho, a partir del cruce de diferentes lógicas«.
Sin embargo, hubo un detalle que le llamó especialmente la atención.
«Lo que de verdad me sorprendió es que preguntó quiénes eran los miembros del jurado».
Aquella anécdota revelaba que la máquina no solo generaba propuestas, sino que también intentaba comprender el contexto en el que iba a ser evaluada.
Una herramienta para abrir caminos
Lejos de ver la IA como una amenaza, Camarena la contempla como una herramienta de apoyo.
«Puede ser muy útil para abrir caminos, provocar preguntas o acelerar procesos de búsqueda».
Pero también deja clara una diferencia fundamental:
«Una cosa es proponer una idea y otra muy distinta es convertir esa idea en cocina«.
Porque cocinar no consiste únicamente en combinar ingredientes.
«La cocina es memoria, intuición, técnica, sensibilidad, producto, territorio, error, corrección y criterio. Hay decisiones que se toman con la cabeza, pero muchas otras se toman con la mano, con la nariz, con el paladar y con todo lo que has vivido antes».
La IA en la gestión, no en la creatividad
Preguntado por el uso de herramientas de inteligencia artificial en sus restaurantes, Camarena considera que tienen un enorme potencial en tareas organizativas.
«Ordenar información, analizar datos, ayudar en procesos de gestión, documentación, comunicación interna o determinadas tareas de planificación».
Pero introduce un matiz importante.
«No debemos confundir eficiencia con profundidad».
Para él, la IA puede ayudar a organizar, resumir, comparar o generar escenarios, pero el criterio final debe seguir estando en manos de las personas.
«En la parte creativa soy más intuitivo y probablemente menos influenciable».
Y lo resume de forma contundente:
«No me interesa que una máquina me diga qué plato tengo que hacer».
Puede servir como estímulo o como contraste, pero no como autora de una propuesta gastronómica.
El alma de un plato
Durante aquel duelo, varios miembros del jurado afirmaron que las propuestas generadas por la inteligencia artificial carecían de alma.
¿Qué significa exactamente eso?
Para Camarena, la respuesta está en la intención.
«Un plato no es solo una receta bien formulada. Es una decisión. Es alguien diciendo qué quiere contar y qué sensación quiere provocar».
La inteligencia artificial puede detectar patrones y generar propuestas técnicamente plausibles, pero existe una frontera que todavía no puede cruzar.
«No tiene hambre, no tiene memoria emocional, no ha visto crecer una verdura en un campo, no ha sentido la presión de un servicio, no ha corregido una salsa porque algo no estaba exactamente donde tenía que estar».
Tampoco ha experimentado algo esencial para cualquier cocinero:
«No ha cocinado para alguien concreto ni ha vivido las consecuencias de emocionar o decepcionar a un comensal».
El sentido sigue siendo humano
Quizá la reflexión más interesante de toda la conversación llegó al final.
«La IA puede trabajar con datos sobre la cocina. Un cocinero trabaja también con recuerdos, obsesiones, límites, territorio, equipo y clientes reales«.
Por eso, para Camarena, la cuestión no es si la inteligencia artificial puede generar algo rico o sorprendente.
«Probablemente pueda ayudar a formular cosas interesantes».
La verdadera frontera está en otro lugar.
«La frontera está en si puede darle sentido profundo a lo que hace.
Y, al menos por ahora, creo que el sentido sigue siendo humano».
En un momento en que la tecnología parece capaz de hacerlo todo, la visión de Ricard Camarena recuerda algo esencial: la creatividad no nace únicamente de la información.
Nace de la experiencia.
Y, de momento, eso sigue siendo patrimonio de las personas.

